¿Qué tripa se te ha roto?

1

—Hola Merche, ¿está libre el jefe?

—Sí, pasa.

—Gracias, Merche.

Nunca he hecho un trabajo de esta clase, pero creo que estoy preparado para ello. Tengo la formación. Y, sobre todo, mucha ilusión. No me importa dedicarle las horas que hagan falta. Si José Luis estuviera de acuerdo… no debería esperanzarme demasiado porque seguramente me va a decir que no.

…

—José Luis, ¿puedo hablar contigo un momento?

—¿Qué tripa se te ha roto?

—Quería comentarte algo sobre la selección de los nuevos comerciales… ¿Ya has hablado con la Central?

—Todavía no. Les llamaré a última hora de la mañana.

—¿Cuántos comerciales vas a pedir?

—Les voy a decir que como mínimo necesitamos tres. Pero si encuentran uno bueno, ¡lo firmo ya!

—Pues de eso precisamente quería hablarte. ¿Recuerdas que en mi currículum puse que había hecho un posgrado de especialista en recursos humanos?

—Sí, lo recuerdo.

—En ese curso nos enseñaron cómo diseñar un proceso de selección y había pensado que, en lugar de encargarse la Central, podríamos hacerlo nosotros. La verdad es que no tengo experiencia y sé que puede ser complicado, pero…

—¿Qué has pensado exactamente?

—Habría que definir bien todo el proceso: preparar la descripción de los puestos y los perfiles, lo que ofrecemos, diseñar la publicación, los criterios de cribado de currículos, preparar las entrevistas…

—Eso requiere mucho trabajo, ¿cómo lo vas a combinar con tu agenda?

—No me importa dedicarle el tiempo necesario. Y no descuidaré al equipo.

—Central siempre se ha encargado de estas cosas. No creo que les haga gracia.

—Bueno, nosotros conocemos mejor nuestras necesidades y podríamos seleccionar los perfiles que más nos interesan. Yo me encargaría de planificarlo y llevarlo a cabo. Después de todo, es trabajo que les quitamos. Tampoco es tan descabellado, ¿no?

—Te gusta complicarte, ¿eh?

—La verdad es que me hace ilusión y creo que puedo hacerlo bien.

El gerente desvió la mirada y la mantuvo fija por unos segundos en un horizonte imaginario al fondo del despacho. Volvió a mirar al jefe de equipo.

—Hazlo. Hablaré con la Central para decirles que nos encargamos nosotros.

2

—Hola Merche, ¿está libre el jefe?

—Espera un momento…

¿Dónde voy? Solo soy un jefe de equipo novato. No llevo aquí ni seis meses y ya quiero cambiar la forma de hacer las cosas. Tengo formación, pero no experiencia. Si sale mal, voy a hacer un ridículo espantoso. Además, uno nunca sabe cuándo José Luis está bromeando o habla en serio… probablemente no dirá nada a la Central… ni siquiera lo estará considerando y seguro que piensa que es mejor que se ocupen ellos como se ha hecho siempre. Ya habrá otras ocasiones más adelante.

—Que pases.

—Gracias, Merche.

…

—José Luis, ¿tienes un minuto?

—¿Qué tripa se te ha roto?

—Nada, José Luis. Olvida lo de antes. Lo he pensado mejor. Cuando hables luego con la Central, no hace falta que les digas nada.

—Antes has dicho que querías hacerlo.

—Sí. Es verdad. Pero igual me estoy metiendo donde no me llaman.

—Te has propuesto marearme, ¿verdad?

—Siento el cambio de opinión, José Luis. Tienes razón… pero prefiero dejarlo estar.

—¿Vas a volver dentro de media hora otra vez para decirme lo contrario?

—No, no, seguro, José Luis. Mejor lo dejamos y que se ocupe la Central como siempre.

—Pues no va a poder ser. Ya he hablado con ellos y les parece bien, así que ahora te ocupas tú del proceso.

—¡Ya has hablado con ellos!

—Te he visto tan decidido que he pensado: ¡para qué esperar!

—Entonces, ¿no queda otra que seguir adelante?

—Salvo que definitivamente te eches atrás… pero esta vez llamas tú al jefazo de personal y se lo explicas.

—Claro, claro…

—Cuando tengas todo planificado, avísame para revisarlo.

3

—Hola Merche, ¿está libre el jefe?

—Le pregunto.

He dedicado mucho tiempo y el plan está preparado hasta el mínimo detalle. He repasado cada epígrafe del curso, me he documentado y he buscado más información. Por ganas no será. Espero que a José Luis le guste. Desde luego, verá que me lo he trabajado. A ver cuántas correcciones me hace. Lo va a revisar de arriba a abajo y a José Luis no se le escapa una.

—Adelante.

—Gracias, Merche.

…

—Buenos días, José Luis.

—Buenos días, ¿qué tripa se te ha roto?

—Ya tengo preparado el plan del proceso de selección. ¿Recuerdas que lo hablamos hace unos días? Vengo a dejarte el dosier para que lo revises y me digas qué te parece.

—¡Joder, vaya tocho! ¿Qué quieres, que me lea todo esto? De eso nada. Hazme un resumen.

—Claro, claro… Pues está el anuncio con los requisitos del puesto y las condiciones, las pautas de cribado de los currículos y las preguntas de las entrevistas con sus criterios de baremación.

José Luis ojeó por unos instantes los documentos.

—¿Por qué no figura el salario en el anuncio?

—Me fijé en los modelos de la Central y nunca lo ponen.

—Ponlo. Es mejor ser claros. Que los aspirantes sepan de antemano lo que ofrecemos.

—Vale, lo cambio… Cuando termine el plazo de recepción, te pasaré los currículos por si quieres hacer tú el cribado.

—¡Míralo! ¡Qué simpático! Montas esta historia y ahora quieres que te haga yo el trabajo. No, de eso te vas a encargar tú. Eres quien hizo la formación. Vamos a ver qué has aprendido.

José Luis volvió la vista a los documentos.

 —Has preparado dos entrevistas…

—Sí, había pensado hacer yo la primera y que tú hicieras la segunda con los aspirantes finales.

—Está bien, pero coordínate con Beatriz para que esté contigo en la primera entrevista. Es la jefa de equipo más veterana y tiene buen olfato. Seleccionad seis aspirantes para la segunda. Tú estarás conmigo y luego elegiremos a tres.

4

—Hola Merche, ¿está libre el jefe?

—Sí, ahora no está con nadie.

—Pues paso.

Han sido semanas agotadoras, pero lo hemos hecho. ¡Qué bien ha salido! La Central quedó encantada con los perfiles. José Luis les dijo que fue cosa mía y me felicitaron personalmente por el trabajo y la iniciativa. ¡Todavía estoy que no me lo creo! ¡Cómo me ha respaldado José Luis desde el principio! Jamás me lo reconocerá directamente, pero me ha demostrado que confía en mí.

…

—José Luis, ¿tienes un momento?

—¿Qué tripa se te ha roto?

—Solo quería darte las gracias… por haber confiado en mí.

—¡Joder, qué tío más pesao! ¿Y vienes solo para eso?

—Pues en realidad, sí.

José Luis inclinó la cabeza hacia su mesa unos segundos. Le miró de nuevo.

—Siéntate, anda…

El jefe de equipo obedeció.

—Escúcheme bien, señor jefe de equipo: claro que he confiado en ti, ¿es que lo dudabas? Eres un tío responsable y trabajador. Lo he visto desde el primer día. Lo que no tengo tan claro es que tú te fíes de ti mismo. Yo soy tu jefe ahora y pasaré, pero contigo vas a estar siempre. Y se puede hacer muy cuesta arriba caminar junto a alguien que no confía en ti.

El jefe de equipo asintió en silencio.

—Venga, a trabajar.

Por primera vez le pareció que José Luis le hablaba en un tono suave.

Se levantó y caminó despacio hacia la puerta. Antes de llegar, se detuvo un momento y se giró.

—José Luis.

—¿Pero sigues ahí? Y ahora, ¿qué tripa se te ha roto?

—Gracias, José Luis.

—Me quieres dar la mañana, ¿verdad? ¡A trabajar!