
Aprendí este oficio desde pequeño.
Empecé a ayudar a mi padre en el negocio siendo apenas un crío. Ha sido necesario muchísimo esfuerzo para sacarlo adelante, ganarnos paso a paso la confianza de nuestros clientes y hacerlo crecer. Jamás pensé que llegaría a este nivel. ¡Qué orgulloso he llegado a estar de nuestro proyecto!
Sin embargo, ahora miro hacia atrás y me cuesta sentirlo como un éxito. Últimamente me planteo a menudo si ha merecido la pena. Si pienso en mi familia la ha merecido sin dudarlo. Gracias a la empresa he podido darles una vida mejor.
Aunque ahora ya somos más de treinta empleados, seguimos siendo una empresa pequeña. Deberíamos sacar el trabajo sin demasiadas dificultades. Pero cuanto más crecemos, peor funcionamos. No somos un equipo grande y, si uno descuida su parte, eso repercute inmediatamente en los demás.
Llevamos una temporada demasiado larga sacando el trabajo a trompicones, con errores, con descuidos que llegan al cliente sin darnos cuenta. Ya se ha convertido en el día a día. Se ha perdido la actitud. ¿Cómo luchas contra eso?
Lo que peor llevo son los retrasos. ¡No saben lo que cuesta captar un cliente! ¿Qué ha pasado con la formalidad? Antes sabíamos que el cliente era lo primero. Y todos lo entendíamos. Pero en esta empresa solo hay puntualidad a la hora de salir; a la de entrar valen mil disculpas. Y te aseguro que no estoy con el látigo en la mano. Muchas veces ya ni digo nada.
Claro que yo tampoco soy puntual. Ni al entrar ni al salir. Siempre estoy aquí, apagando fuegos que nunca terminan.
Mi padre me enseñó que a la gente había que tratarla bien. Éramos casi como una familia. ¡Qué lejano siento aquello! Ahora estoy casi siempre enfadado con mi plantilla y, sin embargo, soy con ellos más cuidadoso que nunca. No me fío. Y ellos tampoco. Lo sé.
No consigo comprenderlos. Me parecen inmaduros y centrados en sí mismos. Sé que estoy generalizando y no me gusta pensar de ese modo, pero no veo en ellos ningún tipo de inquietud por aprender, por hacer las cosas mejor, por prosperar. Siento como si solo yo estuviera tirando del negocio.
Yo mismo me empiezo a sentir egoísta. Últimamente fantaseo con dar un paso atrás y empezar a mirar solo por mí, sin pensar en los demás. Pero no sé cómo hacerlo. Me siento atrapado en la empresa y me da rabia no atreverme.
En realidad, siempre he estado atado al negocio. La diferencia es que antes disfrutaba. Curiosamente, cuando este proyecto no era lo que es ahora era cuando más disfrutaba, cuando todo era más fácil… cuando trabajaba mano a mano con mi padre, cuando solo éramos cuatro gatos. Después se fue mi padre y me quedé yo al frente con mi equipo. Luego llegó otro empleado, y otro, y otro… y fuimos haciendo crecer el negocio.
En un negocio hay mil problemas de todo tipo, pero con mi equipo yo me sentía fuerte. Afrontábamos el día a día y nos lo comíamos, nos apoyábamos en los momentos difíciles, celebrábamos los éxitos, los aniversarios… lo celebrábamos todo.
Quizás sea el cambio generacional. No tienen ambición económica. La mayoría son jóvenes y no quieren hacer horas extras. Y las pago bien, pero me dicen que no las necesitan, que prefieren “vivir”. No es que el ocio sea más importante para ellos… es que parece lo único importante.
Lo más triste es que tampoco los veo disfrutar del trabajo. Son como robots o zombis que hacen su trabajo sin el menor atisbo de ilusión, contando las horas para marcharse. ¿Cómo se puede trabajar así?
No sé cuándo perdí el control de mi equipo.
O quizás no fue el control.
Algo ha ido cambiando sin darme cuenta, a lo largo de los años, hasta hacerse presente de golpe. Tengo la extraña sensación de haber perdido algo importante, pero no sé exactamente el qué.
Ya ni siquiera imagino que esto pueda cambiar.
Cada semana es un laberinto sin final.
¿Cómo planificar nada en un día a día así?
Si me miro al espejo, solo veo desilusión.
¿Y qué le espera a una empresa con un líder agotado?
¿Cómo voy a transmitir energía a mi equipo cuando yo también la he perdido?
Necesito parar.
Necesito pensar.
Necesito comprender.
Pero ¿me lo puedo permitir?
